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razón de vivir

Cuando leí la noticia, minutos después de su muerte, sólo pensé en los amigos. No tuve otra alternativa que pensar en los amigos, porque mis amigos, verdaderos todos, sé que pensaron en mí cuando supieron la noticia.
Mercedes Sosa ha muerto a los 74 años. Un nudo se hizo en la garganta y no dije nada. No quise decir nada. Soy de los que se traga el dolor aunque estalle dentro. Pero no estalló. Su voz por toda la casa me hizo cantar también…
Para decidir si sigo poniendo
Esta sangre en tierra
Este corazón que bate su parche
Sol y tinieblas
Y en ese paseo del alma por la música, recordé a Luly, a Mayda, a Ghabriel, a Luis Yuseff, a Julio, a Belkita, a Kenia, a Maribel, a Alina, a Ribail, a Ariel. Cada uno en lugares diferentes al mío, muchos en lugares distantes entre ellos mismos. Pero a esa hora, La Negra, nos volvía a juntar en su música. Nuestros corazones batían su parche en el mismo aire, bajo el mismo sol, en las mismas tinieblas.
Para continuar caminando al sol
Por estos desiertos
Para recalcar que estoy vivo
En medio de tantos muertos
Para decidir
Para continuar
Para recalcar y considerar
Solo me hace falta que estés aquí
Con tus ojos claros
Ay! Fogata de amor y guía
Razón de vivir mi vida
Y yo seguí cantando, alejado del mundo. Sosteniéndome en la voz de Mercedes. Cabeceando el dolor en cada verso. Dejando el tiempo pasar de largo, ausente de mí y de mis amigos. No hay nada más reconfortante que saber a los amigos, aún tan diferentes todos en nuestras ideologías, tan cercanos en el amor.
Para aligerar este duro peso
De nuestros días
Esta soledad que llevamos todos
Islas perdidas
Para descartar esta sensación
De perderlo todo;
Para analizar por dónde seguir
Y elegir el modo
Para aligerar
Para descartar
Para analizar y considerar
Solo me hace falta que estés aquí
Con tus ojos claros
Ay! Fogata de amor y guía
Razón de vivir mi vida
Su voz se alza y rompe la mía. No puedo acompañarla. Mercedes canta sola, no hay quien la acompañe. Mi casa se hace pequeña y yo dentro de ella, diminuto, casi imperceptible.
Para combinar lo bello y la luz
Sin perder distancia
Para estar con vos sin perder el ángel
De la nostalgia
Para descubrir que la vida va
Sin pedirnos nada
Y considerar que todo es hermoso
Y no cuesta nada,
Para combinar
Para estar con vos
Para descubrir y considerar,
Solo me hace falta que estés aquí
Con tus ojos claros.
Ay! Fogata de amor y guía
Razón de vivir mi vida.
las sucesivas puertas, el frágil aire eterno
La primera vez que supe de Heriberto Hernández fue en 1991. Lo descubrí de entre las páginas de Retrato de grupo, una antología de la editorial Letras Cubanas, publicada en 1989. Desde entonces su obra y la de otros poetas de su generación despertaron mi curiosidad.
Tres años después tendría entre mis manos su Discurso en la Montaña de los Muertos (Ediciones Unión, 1994), para disfrutarle e intentar descifrar más allá de la esbeltez y cadencia de su verso, que fue llegándome en sus libros posteriores: La Patria del Espejo (Ediciones Unión, 1994) y Los frutos del vacío (Ediciones Matanzas, 1997).
Dieciocho años han pasado desde aquel primer encuentro con su obra. Aquel Heriberto que en 1991 era sólo un poeta en un retrato de grupo, hoy es mi amigo-poeta que llega con otro libro bajo el brazo: Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno; que mereciera el IX Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2006 y que hoy presentamos gracias a una coedición entre la Revista Río Hondo, la editorial Nave de Papel y Bluebird Editions.
Éste es un libro reflexivo. En él, el poeta nos va mostrando las puertas que debemos traspasar para alcanzar ese aire eterno, esa brisa frágil golpeándonos el rostro.
En la primera puerta hemos de entrar desnudos,
es la puerta del polvo, hacia el polvo
que atesora los grises objetos del recuerdo,
los recuerdos mortales de nuestros magros bienes.
Y así los recuerdos, a veces tiempo detenido, hacen fila en la memoria, pactan con el verso honesto de Heriberto Hernández, en una peregrinación geográfica-espiritual.
…a ambos ladosha
y siempre un hombre que sueña con marcharse
y un árbol cuyos frutos maduran sólo en sueños.
Y en esta suerte de continuidad en lo permanente, la salvación no está en el futuro, si no en el regreso, en el retorno hacia el pasado y en el viaje hacia el fondo, aunque aún la partida suponga incertidumbre.
Aquí tendrás la posibilidad de imaginar / cuanto pudiera el hombre construir / al ver las ruinas de cuanto ha destruido, porque este libro te conducirá por esos recovecos internos del alma, donde todos cantan y todos aplauden la historia ajena, /la propia historia en una voz desconocida.
Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno es, a mi humilde juicio, uno de los poemarios más sólidos de su autor, donde me siento convidado a acompañarle a su viaje personal a Ítaca, para escenificar la esencia y fuerza de sus ríos subterráneos llegando al mar, donde comienza y acaba la vida.
salir a matar
a veces
cuando las luces de miami
te recuerdan a la habana
desatas tus ganas de volar
y la calle es una anunciación del tiempo
como quien deja el alma pegada a la pared del cuarto
para no dañar los sutiles recuerdos
que los amigos fueron adhiriéndole
sales apretando los labios
reteniendo contra ti esa brisa de mar
que corta y se deshace
has salido a matar el tedio
la costumbre
la nostalgia que guardas de los días pasados
salir a matar lo que te duele
es sólo el pretexto que te inventas
para no morir de miedo
te aterra mirar atrás
y ver a tu mejor amigo llorando tu partida
recordarlo así es una cuchillada que aún te hace sangrar
lo sientes abrazarte y el mundo vuelve a estremecerse
sin saberlo dejaste el corazón en ese abrazo
que solo el tiempo guarda
el mar que te acompaña conoce tus secretos
las sombras que en la arena ve juntarse
hasta desvanecerse
ese instante fugaz donde el placer te hunde
a veces las luces de miami
te recuerdan a la habana
a veces
solo a veces.

© Poema perteneciente al libro Salir a matar, de George Riverón. Todos los derechos reservados.
mi vida y las vidas de Pedro Guerra
Hay músicos a los que sigo desde mi primer encuentro con ellos. Hay discos a los que llevo siempre, dondequiera que voy. Al igual que los libros, la música me salva de todo lo que trata de hacerme perder el control, y lo digo literalmente.
Desde hace un poco más de un año hasta la fecha hay un disco que se ha hecho necesario en mi cotidianidad. Vidas, última producción discográfica del cantautor canario Pedro Guerra es de esos discos obligados. La poesía marca el estilo de estos 14 temas cuidadosamente íntimos, adorablemente exquisitos. Y es que no podía esperar menos de Pedro, a quien escuché por primera vez en mi pequeño apartamento de la Habana, allá por el año 2000, cuando la esperanza parecía que se nos hacía cada vez menos esperanzadora. Desde esa primera vez me han acompañado sus canciones, en los momentos más hermosos y en los más tristes, en las tempestades que la vida me ha ido trayendo, pero también en los esplendores del amor.

Vidas es un disco optimista. Y es que no podría dejar de serlo: Vidas está dedicado a su familia. Dentro de esta nueva producción hay dos temas dedicados a sus hijos: Lara y Cuando Pedro llegó, este último uno de mis favoritos.
Tal vez la pérdida sea el tema central de Vidas. El primer track Huellas, habla de esas cosas que hemos ido perdiendo y que ya sólo quedan en nosotros como tatuajes profundos. Tema que logra su éxtasis en Íntimo, canción, según el propio Pedro Guerra, ligada a Jorge Luis Borges “que tenía esa añoranza del Buenos Aires que se perdió. Pensaba en eso, en aquella época de los zaguanes, en las casas antiguas, en las vidas paralelas de Bioy Casares, de Cortázar. Entras en un hotel y no pasa nada, pero en una casa antigua hay recuerdos de vidas fantásticas”.
Quisiera saber, Humo, Casas antiguas, Se enamoró de un río, están tejidas con esa exquisitez poética donde las preguntas sin respuesta, las añoranzas, los recuerdos, el deseo y el amor se juntan. Donde la palabra en melodía se funde.
Mi favorita… 5000 años*, una de las composiciones más hermosas que jamás haya escuchado.
5.00 años
y no pudo ni el tiempo a través de los tiempos
eludir la pasión
y nos encontrarán
y sabrán que alguien te amó
el devenir será testigo
de cómo al hilo del amor
viví una eternidad
contigo
5.000 años
y aún conservo el recuerdo del feliz cautiverio
de una luna de miel
5.000 años
y aún recibes mi cuerpo como un mundo desierto
donde todo es hacer
sobrevivimos al verano y a su mejilla más ardiente
y en el invierno nos guardamos bajo la sombra de la nieve
5.000 años
y aún me busco y me pierdo en el terco misterio
del amor y su red
y nos encontrarán
y sabrán que alguién te amó
el devenir será testigo
de cómo al hilo del amor
viví una eternidad
contigo
* “Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Mantua (Italia) los restos de dos cuerpos enterrados hace entre 5.000 y 6.000 años y unidos en un abrazo.” (REUTERS)
vivir es un prodigio: Entrevista a Teresita Fernández
Subir hasta el piso doce del edificio de Infanta y Manglar en La Habana, puede ser un acto común. Pero si usted tiene el privilegio de traspasar la puerta del apartamento 5, entonces puede asegurar que ha escalado algunos peldaños del Paraíso. Y es que tras esa sencilla puerta se esconde el mundo mágico de Teresita Fernández, una mujer que ha trascendido el tiempo y el espacio.
Un busto de Martí adolescente con pañoleta azul de pionero, una cruz marcando el camino a seguir, una palangana vieja donde en una cerca sin brillo se enreda el coralillo, un caracol vacío con una lagartija encima, y muchísimos recuerdos que esta mujer atesora, saltan a la vista e invitan a que los amigos pasen y se acomoden, sin protocolos, sin formalismos.
Comenzamos la velada hablando de Bola de Nieve, a propósito de una fotografía que días antes ella había regalado a un amigo, en la que aparece junto a él.

“Lo conocí de una forma muy bonita cuando yo tenía unos 3 ó 4 años. Fue cuando la Compañía de Ernesto Lecuona visitó Santa Clara y se presentó en el Teatro La Caridad; recuerdo a Esther Borja como si fuera ahora mismo. El pianista acompañante era Bola de Nieve, aunque eso lo tengo muy confuso porque hace mucho tiempo ya. No se me olvida que Esther cantó ‘Damisela encantadora’; Esther salía con tremendo traje, bellísimo, cosas en las que a esa edad uno se fija bien… Entonces, creo que a consecuencia de esa visita de la compañía de Lecuona, mi hermano mayor, que tocaba el piano, y lo tocaba muy bien, sentía apego por la música de Agustín Lara y la del Bola, y cantaba sus canciones con su voz de bajo. Yo lo recuerdo muy bien, aunque era muy chiquita… me sentaba en la tapa del piano y escuchaba a mi hermano cantar. Ya te digo, tenía 3, 4 ó 5 años cuando más. Cantaba ‘Ay, amor’ y a mí me gustaba mucho: ‘ay, amor, si te llevas mi alma, llévate de mí también el dolor…’ Así conocí al Bola, bien de chiquita, por sus canciones”.
Teresita Fernández aprendió a cantar —según su mamá— antes que a hablar. Ella nos ha enseñado a apreciar la belleza que hay en lo feo a través de sus canciones, composiciones que son consecuentes con su andar diario.
“Mi madre me recordaba que cuando se sentaba al piano y tocaba el vals Triste, de Lecuona, yo me echaba a llorar sin remedio. Ella era organista en México y cuando llegó a Cuba fue directora de un conservatorio en Camagüey. Luego fundó la Academia Santa Cecilia, en Santa Clara, donde nací”.
“Siempre estuve rodeada de música, desde que nací, y eso no se me olvida nunca. Escuché los primeros tangos en una victrola de mano y a los 5 ó 6 años ya cantaba algunas canciones que en ese entonces interpretaban las queridas voces de Mercedes Simone, Tita Merello y Carlos Gardel. Disfrutaba tanto a Tata Nacho, Guy de Cárdenas —autores mexicanos—, los danzones de Antonio María Romeu, la trova de Sindo, Villalón, Corona, María Teresa Vera… los pasodobles, los aires asturianos… como también disfrutaba muchísimo a los clásicos Mozart, Bach…”
Estudió magisterio, pedagogía y piano. Ganó por oposición una plaza de maestra y, luego, decidió trasladarse a la capital para iniciar su carrera artística.
A su llegada a La Habana, en 1957, la vida no le fue fácil. “Tuve que salir de Santa Clara escondiendo a un muchacho muy joven que la tiranía de Batista quería matar. A las Hermanas Martí les debo mucho; ellas fueron a la embajada de Chile y hablaron con el embajador, este a su vez con el de Venezuela y gracias a eso pudimos sacarlo del país”.
Cuando rememora su vida pasada, los ojos se le convierten en dos cristales brillantísimos: “Yo estaba en La Habana cuando el asalto al Palacio Presidencial, cuando matan a José Antonio frente a la Universidad. Ese mismo día yo iba para la casa de las Hermanas Martí que vivían en Masón y Ronda, por lo que tenía que pasar por delante de la Universidad. Fue una época dura. Yo andaba dando tumbos por La Habana, sin saber qué hacer”.
Uno de esos días en que la vida le ponía trampas conoció al Bola, en su casa de Guanabacoa, donde las Hermanas Martí se lo presentaron. Recuerda que “estaba en una bata de raso verde y se veía de lo más bonito. Fue de lo más amable conmigo. Lo que más me impactó de él fue su sonrisa, sus muecas, ese gesto con el que te decía lo que le gustaba o no, lo que aprobaba o no”. A partir de entonces comenzó una amistad que ella no puede olvidar y a la cual agradece parte de lo que hoy es.
Los Revuelta también la acogieron con cariño en esos primeros tiempos y la ayudaron a preparar un recital en Teatro Estudio. “Quienes vendieron las entradas fueron Adolfo Llauradó, Luis Brunet, José Antonio Rodríguez… que ya eran actores en ese tiempo. Ellos me enseñaron a sentarme en el escenario, a aguantar las luces… Cuando terminé mi primer recital, entró Bola, subió al escenario y me dijo: ‘Ya está bueno, a partir de ahora usted va a cantar conmigo en el Monseigneur’, y así comencé a cantar junto a Bola de Nieve, con sueldo de principiante no evaluada. Ya puedes imaginarte lo que significó para mí, —después de haber estado a los 3 ó 4 años sentada en la tapa de un piano en Santa Clara oyendo sus canciones—, ver al propio Bola sentado a unos pocos metros de distancia, tocando esas mismas canciones, y yo esperando que él terminara para hacer mi tanda. Fue un privilegio”.
Y así comenzó Teresita Fernández a escribir su nombre en la historia de la cultura de este país. Ayudada por el Bola en esos primeros años, por las Hermanas Martí, y por otros amigos que fue ganando.
Con más de cuatrocientas composiciones, entre canciones para niños, textos musicalizados, poemas, canciones de amor… Teresita Fernández se mantiene viva y cantando como el primer día. Ella ama a los niños y los niños la aman también. “He cantado para los niños de más de tres generaciones. Hoy me paran en la calle hombres y mujeres, y me agradecen el haber crecido con mis canciones. Cuando eso pasa y otros niños cantan junto a mí cada vez que me presento por ahí, me siento nueva, feliz. Qué mejor regalo podría esperar de la vida”.
“Yo tengo una obra extensa, pero si los niños, las circunstancias, la vida, me han llevado a que sean los niños los que hayan recibido una parte de ella, estoy complacida. Muchos de ellos ya han crecido. El que sentenció que yo sólo canto para los niños, pensando que era una cosa de segunda categoría no tuvo visión de futuro, porque no se dio cuenta de que los niños iban a crecer y que serían los que hoy me quieren ya de grandes y con profesiones disímiles. Si no hubiera sido legítima, si no hubiera sido sincera”.
Teresita sigue sintiéndose maestra, y a pesar de tener muchísimas condecoraciones la que más quiere es la que lleva el nombre del educador Rafael María de Mendive. “Y es que siempre admiré a maestros como Gabriela Mistral, Tagore, Martí, Cristo, que también lo fue. Enseñar, para mí, es una aventura que no termina. Me encanta aprender para luego transmitir esos conocimientos”.
“Creo que siempre tuve vocación de maestra y con la guitarra como medio auxiliar, comencé a moverme por distintos sitios como aquellos maestros ambulantes de José Martí. Mi aula es gigante, pues donde quiero, aquí o en el extranjero, hago una peña para decir con música y poesía lo más sencillo y trascendental de este mundo”.
Hay quienes la comparan con Mercedes Sosa, a quien admira muchísimo, pero Mercedes es Mercedes y Teresita es Teresita; una mujer que no imita a nadie, que sabe ser ella en cada gesto, en cada melodía, en cada manera de decir.
“Pero ahora como profesional te digo que si eternamente hubiera estado a la sombra de Bola, eternamente hubiera sido la sombra de Bola; porque cuando tú dejas de ser tú para vivir bajo la sombra de cualquier grande de lo que sea, no haces tu propia obra, sino que siempre estás consultando para seguir a la sombra del otro y no llegas a ser nunca realmente tú. En materia de arte es preferible ser buen barrendero y saberse todos los trucos de barrer una calle, que ser bufón del rey”.
“Mi padre que era un poeta natural, vivía dentro de la poesía y a él le agradezco, tal vez, la inspiración. ¿La música? De mi madre, que siempre la hizo con amor”.
“En este instante en que recuerdo estas cosas, considero un privilegio el haber estado en casa de las Hermanas Martí, el que me hayan presentado a Bola, que me haya llevado a trabajar con él, de los consejos que me dio, de las oportunidades que tuve y las personas que conocí en el Monseigneur y que ahora me parecen increíbles, pues conocí a Salvador Allende que se paró y me extendió su mano y me dijo: ‘Usted cantando se parece a las mujeres de mi pueblo’. Ahí también conocí a Josefine Baker, a los comandantes de la Revolución…”
“Porque aunque mi obra se pierda en la noche de los tiempos como tantas cosas que se pierden, porque a ver… ¿quién hizo los grafos de las cuevas de Altamira?, ¿quién hizo los dibujos del desierto de Nazca?; y cuánta poesía, cuánta música… tantas vidas y tantas cosas que se pierden en el mundo, entonces sobrevivir con un gatico llamado Vinagrito, que ha hecho feliz a más de tres generaciones, es un mérito. Como dice José Ingenieros, hay una diferencia muy grande entre el éxito y el mérito; el éxito es una luz de bengala, la gente aplaude y luego acaba, pero el mérito es como el vino bien añejado. Yo creo en la inmediatez de las cosas. Si mis canciones han servido para alegrar a niños con síndrome de dawn, hogares de ancianos, gente de pueblo que no van nunca a un teatro, que no ven televisión… entonces la entrego como el panadero entrega el pan”.
“Sigo amando la palabra, me alimento de ella como de la música. En los atardeceres me gusta escuchar distintos conciertos; entonces, es como si me fuera volando por la ventana”.
Y es que, como los poetas son cronistas de los siglos —según Whitman—, Teresita Fernández ha sido cronista de su propio viaje. “A veces, se dicen más cosas con una mirada, con un apretón de manos, con un abrazo o con un silencio a tiempo que con bla, bla, bla… Por eso yo creo que vivir es un prodigio. Yo vine al mundo a cooperar, no a competir.”
el comienzo
He aquí el comienzo de una bitácora personal, palabras e imágenes que poco a poco irán siendo memoria de mi paso por la vida.
Catarsis del espíritu y (a veces) de la razón.
Necesidad o destino, obligación o exorcismo, no lo sé.

Este es el tiempo que llevo sobre mis espaldas, vivencias que silencian o estallan en un grito. Sendero que me lleva a una puerta misteriosa donde confluyen la vida y los sueños. Momentos que se agolpan, que me rompen como una ola a las orillas de la playa. Sinceridad y emoción en función de lo que me rodea.
